miércoles, 2 de junio de 2010

Escribe José Marcelino Rodriguez, Héroe Nacional.

Bicentenario, Tiempo y un poco de Historia
escribe José Marcelino Rodriguez , Héroe Nacional.

Capítulo Nº 48
marcelinovgmalvinas@yahoo.com.ar

Debería uno conservar para siempre los momentos importantes tanto en la vida de las personas como los hechos históricos de un país mucho mas si esto coincide con los 200 años de vida de historia como pasaron de un plumazo, es un montón de tiempo y sin embargo parece que estuvo allí demasiado cerca los doscientos años de Historia de nuestra nación que nos tuvo de salto en salto defendiendo cada pedacito de territorio que nos quisieron rapiñar en forma discontinua tanto franceses, portugueses, españoles y los ingleses con cuyas tropas hemos realizado mas de una batalla. Desde 1806 hasta la fecha unos y otros hemos modificado el armamento, nosotros del aceite hirviendo a los misiles exocet y fusiles con apaga llamas incorporados y el respeto a la convención de ginebra y la solo utilización de armas convencionales, ellos en cambio, usan armas prohibidas, atacan ciudades propias sin importar el costo de la operación y cuentan con la mas moderna flota de mar en naves de superficie, submarinos a combustión nuclear, gracias a los norteamericanos dispusieron de la mas alta tecnología en el área de la comunicación, de la información y del armamento.
Desde el primero de mayo de 1982 hasta el 14 de junio del mismo año en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur nos quedamos sin tiempo.
Apenas iniciadas las hostilidades resultaba muy difícil relevar a las tropas acantonadas en las montañas para, por ejemplo, bañarse en las únicas duchas prácticamente inventadas con agua de mar, dentro del tejido urbano de Puerto Argentino ya que esta actividad requería de movimientos de tropas que iban, mientras otras volvían al pueblo, se bañaban y retornaban a sus puestos de combates tal vez no mas limpios pero si mas frescos (el jabón no elimina la suciedad con el agua salada).
El bloqueo naval y aéreo británico percibía este movimiento de tropas y rápidamente enviaba helicópteros de combate, incluso los cañones de las fragatas apuntaban por ejemplo, al trayecto que va desde el cerro Dos Hermanas hacia Puerto Argentino.
Muchísimas veces se ponía en marcha un camión desde la ciudad para llevar alimentos y remedios a la zona rural y generalmente era bombardeado en el camino, pese a todo, muchos, igual llegaron a destino.
Tampoco hubo tiempo para el chocolate caliente,( no había chocolate para taza) mucho menos para los churros calentitos rellenos ( un sueño) con esa exquisiteces que representa el dulce de leche este invento tan argentino como el colectivo o Gardel mas allá de las disputas de nacionalidades,(para mí es argentino aunque algunos se empeñen en afirmar que era uruguayo o francés) apenas hubo tiempo entre los estallidos de las bombas británicas para una breve formación militar en el patio de tierra cubierto de césped y de agua-nieve de la casa de gobernación de las Islas Malvinas.
Casi imperceptible sonó la voz del entonces gobernador militar cuyo discurso aludía no solo al onomástico de la fecha patria sino que establecía un compromiso ante los ingenieros del ejército ( yo estuve ahí) de hacer estallar la casa de gobernación con él adentro antes de entregársela al invasor inglés .
Apenas hubo tiempo para colgar en cada una de las solapas de las gabardinas verde oliva una escarapela azul-celeste y blanca en conmemoración al cumplimiento de los 172 años del 25 de mayo de 1810.
Aun recuerdo que esta identificación permaneció en mi gabardina desde ese 25 de mayo atravesando etapas de fuego intenso, de bombardeos intensos, de ataques aéreos, de diversos tipos de alertas, incluso en el repliegue desde la alta montaña estuvo allí, perdurando en su misión, estuvo casi irreconocible cuando en la obscura noche de Malvinas los permanentes cuerpo a tierra la taparon de turba y lodo, hasta mas allá del 14 de junio.
Cerca del 20 del mismo mes estábamos en fila listos para embarcar en el buque bahía Paraíso vigilados aún celosamente por marines británicos, formábamos de uno en fondo parados sobre los maderos que conformaban el muelle de acceso marítimo de Puerto Argentino mientras resultábamos revisados impidiéndonos llevar para la Argentina fotos, rollos de fotografías o cualquier otro elemento que no sea ropa y las cartas personales de aquellos que tuvieron la fortuna de haber recibido alguna en el frente de batalla, en esos momentos un oficial se encarga de retirar las escarapelas argentinas de las solapas de los hasta entonces prisioneros de guerra generando resistencia, algunos golpes y el apartado de la fila, finalmente con mi escarapela en la solapa pude embarcar el 26 de junio y regresar al continente en otro buque esta vez el Almirante Irizar me dejaría en territorio continental.-

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